7.12.07

Poco, nada y al final, todo

The Gondola Man"....

Elliott Smith - "Happiness - The Gondola Man"

Hace muchísimo que no escribo. Podría hablar del recital de Björk, de "Shortbus", del libro de Marcuse que estoy leyendo, de mi afición por los confines del deseo y mi repudio al infraerotismo que pulula en la nueva derecha republicana argentina, o de esta poderosa afirmación : desde esta humilde morada apoyamos y veneramos a Casiotone For The Painfully Alone (aunque ella y anteriormente él ya lo habían sacado empeñosamente a la superficie).

Pero no voy a ahondar en ninguna de estas cuestiones. Los dejo con una canción que, como toda obra maestra, batió a punto nieve mi interioridad en un reciente redescubrimiento, hace un par de días. La primera ("Activity's killing the actor...") y la tercera estrofa ("I told him that he shouldn't upset her...") resultaron peligrosamente infecciosas, a punto de superar de la simple disquisición del gusto en pos de trascender hacia lo necesario. Sé que suena muy sublime y exagerado, pero la canción es tan perfecta que aún con su lírica opresiva logra emocionar alegremente. R.I.P, Elliott, el pop te debe tanto...

17.9.07

De legados nefastos y cumbias experimentales

12/9, Nouvelle Vague en el Gran Rex.
Al llegar, se me informa que el recital es al frente, en el Teatro Opera. Los marranos monopólicos de Ticketek ni siquiera lo avisaron en el sitio. No conocía este teatro y, pese a que la acústica puede considerarse aceptable, asombra por su horripilante estética, ni siquiera su aspecto desvencijado provocaba al menos cierta simpatía bobalicona al pintoresquismo de los viejos tiempos. Sólo me interesó el traje del vendedor de chocolates y golosinas, ni el saco negro ni la camisa blanca : ambos tirando a un gris parduzco, como subrayando el uso intergeneracional de este atuendo de utilería.

Antes de continuar, voy a dejar en claro que no soy un fan de la banda en cuestión. Me molesta, eso sí, el ataque fácil desde la tribuna irreductible que los acusa por convertir clásicos generacionales en simple material pedorro para livings de treintañeros con ínfulas de sofisticación. El tardío y descolocado guiño de connoisseur de quien se ahoga en el más trillado refrito, digamos. Por el contrario, yo aprecio generosamente su incursión en el postpunk de los tempranos '80, la mayoría de sus versiones se me antojan implacablemente bien logradas y en algunos casos, muy imaginativas. No seré yo quien culpe a estos franceses por el interminable legado de Bossa N' Merde que surfea tras su estela.

Superada la disgresión defensiva, paso a contar, brevemente. Las dos cantantes que vinieron (confundí a una de ellas con Camille pero días después me enteré que no era ella) poseen la doble gracia de ostentar una voz hermosa y una envidiable soltura escénica. Mi detector de demagogia sobre las tablas es muy sensible y quizás me hubiera gustado un poco menos de demanda al público (especialmente de la longilínea femme fatale cuyo nombre no recuerdo). No me simpatizaron ni las palmas ni las arengas para completar la estrofa y mucho menos el jueguito que sugería gritar "fuck" a viva voce. El resto de la banda acompañaba ajustadamente y sin altisonancias: una batería sencilla, una guitarra muy sensual, de sonido cristalino, teclas y un delicioso contrabajo que otorgaba un cuerpo a las canciones que por momentos se extraña en los dos discos.

En realidad, con sólo escuchar su prodigioso cover de XTC, "Making Plans For Nigel", yo ya estaba satisfecho. No me pongo colorado si afirmo que me gusta mucho más que el original. Lamentablemente su delicada versión en vivo no incluía el punteo de guitarra de la toma en estudio, una sencilla progresión de notas tan íntimamente conectada con la más pura sensualidad que, siendo sincero, me desborda al punto de jugar con los límites de reticencia para exponerme emocionalente "en público".
Otros puntos altos -para mí, no así para la concurrencia-, sin duda "Killing Moon", "Guns Of Brixton", "Bela Lugosi is Dead" (muy intensa) "A Forest" y, extrañamente, "Heart Of Glass" , que en el disco original me aburría bastante.

En fin, no fue el mejor recital de mi vida pero atravesé pasajes de goce, de esos que valen la pena: mente en blanco, totalmente en blanco, como sucede durante un buen orgasmo o luego de caminar muchas horas en la playa o la montaña.

Me olvidaba. De soporte, tocó un DJ, Marcelo Fabián, de la troupe frecuente de Zizek!. Como me pareció prometedor lo que escuché, sobre todo la primera canción, totalmente inclasificable entre la marea de espúreas etiquetas (in)significantes que arbitran el quien-es-quien de la música bailable, decidí darme una vuelta por Niceto el sábado, a ver qué sucedía en el "Super Zizek!".

15/9, Dick El Demasiado, Niceto
Vamos a ser claros : no me gustan en lo más mínimo la cumbia, ni el merengue, el ballenato, la salsa ni mucho menos el reggaetón. Apenas algo de son cubano, y hasta por ahí nomás. Probablemente una herencia atávica (familia judía de clase media -con todo lo que esto implica a nivel de empobrecida adquisición de "identidad regional"-, abuelos clasistas en un caso y cultores de la música clásica en otro, papá con sus discos de Floyd y Génesis y mamá con Serrat, Rodriguez y toda la troupe de folkloristas de protesta) de la que nunca podré -y sinceramente no intento- zafar. De todas maneras, la oportunidad valía para bucear un poco en este incipiente fenómeno urbano. Había escuchado una adictiva versión downtempo de la bizarrísima "Cumbia Sensual" de Juaneco (chequear el video en YouTube, por favor) hecha por Sonido Martines y alguna que otra mezcla de Villa Diamante que me intrigaba por su atrevido eclecticismo y desparpajo hiphopero. Si bien el holandés Dick no encaja exactamente dentro de la propuesta de estos últimos, su irreductible coro de exégetas no ha parado de crecer.
¿Qué sucedió entonces? Apenas llegué estaba terminando uno de los artistas de soporte, no se si era El Remolón o Refusenik. Las rítmicas -de centralidad abusiva en estos géneros- no sonaban a nada que no haya sido caminado pero tampoco eran un espanto (aunque debo reconocer que la tremenda pipa de cogollos que fumé en casa antes de salir necesitaba redimirse en el primer estímulo externo y ello contribuye un poco a relajar el espíritu crítico). Lo lamentable era verla a Gaby Bexxx (o Vexxx, qué se yo) arriba del escenario, pensando que aullar "puta adolescente", con tanta gracia como un caniche de departamento, 25 años después de Soft Cell, es mínimamente revulsivo.
Luego de un par de canciones (en general, con más pena que gloria) subieron El Demasiado y su banda al escenario. El tipo tiene muy bien armado el chiste, con su cara de tachero de Rotterdam, el inmortal traje de esqueleto y los dos etno freakys que lo acompañan. Lo que aún no logro resolver -por eso estoy escribiendo, en busca de respuestas, o más bien, de nuevos interrogantes- es la cartografìa de entendimientos, dispensas y pulsiones eróticas alrededor de esta gigantesca gaffe. ¿Celebra la gente el cacareo a destiempo y desgraciado de este marciano? ¿O les parece realmente buena música? El enorme contingente de extranjeros presente, ¿compra la postal turística con tan poca sutileza como para ignorar el guiño cómplice? ¿Será un boliche de Palermo el lugar que redime a una chica indie acomodada de su oculto gusto por "el goce de los pobres"? ¿Es excitante también para la mujer el baile del culo que frega o solamente un ardid, formateado y amplificado desde el imperio comunicacional, para complacer al sexo opuesto?
Pregunto todo esto desde una honesta certeza: no seré yo censor de diferentes formas de expresar la sexualidad en nombre de una abominable moderación culturosa, pacata o intelectualmente superadora. Me gusta tanto calentarme como hacer calentar como que la gente se caliente, por los medios que cada uno considere pertinentes. Y no me parece, justamente, que las fronteras de la sensualidad estén demarcadas por los hábitos de retención anal de adultos con apariencia de adolescentes tardíos viendo bandas que parecieran estar sponsoreadas por una fábrica de codeína.
Simplemente no me queda tan claro qué tanta lujuria deja flotando esa fetichización obcecada del cuerpo, hasta hacerlo prácticamente un maniquí de maratónica potencia para el infame mete-saca, that's all.

22.8.07

La escala inhumana


"Manufactured Landscapes"
(Jennifer Baichwal, 2006)




Llego a casa muy emocionado luego de ver, en el marco del festival Human Rights Watch en la Lugones, una deslumbrante película, que probablemente se convierta en mi preferida del año y seguramente lo está entre las mejores del lustro.


Este documental canadiense sigue los pasos de Edward Burtynsky, un fotógrafo que recorre el mundo capturando, en forma de paisajes, la impiadosa transformación ambiental generada por diferentes fábricas y construcicones de gran escala, focalizándose en China (la actual y futura superpotencia industrializada) y Bangladesh.


Un magistral travelling lateral abre el film: con paso sereno y constante nuestros ojos son invitados a recorrer una gigantesca fábrica de juguetes. Baichwal deja a nuestro cargo la intuición respecto a la extensión del monstruoso complejo, mediante la aritmética espacio-temporal. ¿Cuánto puede medir un galpón, cuanta gente trabajando es fotografiada por la cámara, si la toma dura unos cinco minutos?


Algunos sociólogos acomodados hablan de sociedad post-industrial, otros de futuros distópicos similares a Blade Runner... "Manufactured Landscapes" se inscribe en el ahora para delinear el mañana. Una urgencia que no se expresa en consignas incendiarias, sino en una realizadora que, al igual que el fotógrafo a quien acompaña, confía plenamente en el inmenso poder de las imágenes. Los mil y un apocalipsis: en minas de cobre de Estados Unidos, en localidades chinas devastadas por la contaminación debido al reciclaje de obsoletos circuitos integrados ("e-waste"), en desarmaderos de barcos con fuerza laboral infantil en las costas de Bangladesh, en campesinos a los que se les paga por derrumbar su propia aldea. Infiernos visuales en movimiento que confluyen en una única imagen fija, aquella que Burtynsky capturará para exponer, sintetizar e inmortalizar.


Si bien la relación entre la destrucción desaforada de los recursos naturales y el avance del desarrollo capitalista es a esta altura indiscutible, la película elude el planteo obvio y en dos entrevistas magistrales se abstrae de la crítica a cualquier sistema socio-económico para avanzar sobre los cuestionamientos a la idea central de progreso. Una de las numerosas locaciones visitadas es la famosa represa china de Tres Gargantas, la mayor obra de este tipo en la historia (forma una laguna artificial de.. ¡600 km!) próxima a entrar en funcionamiento. Se le pregunta a los trabajadores si se sienten orgullosos de pertenecer a un proyecto de tan colosal envergadura. La respuesta de uno de ellos es "mire, yo soy un simple obrero, trabajo por unos pocos yuanes para mis jefes y eso es todo". La respuesta de otro es "es muy duro estar aquí, pero todo sea por la Patria". Estos dos puntos de vista (el del sojuzgado con conciencia de clase en una sociedad capitalista y el del alienado y adoctrinado obrero comunista) sintetizan, a grandes rasgos, no sólo el devenir amorfo del desarrollo chino, sino la persistencia de nuestra capacidad destructiva más allá de la morfología de la burocracia dirigente. Los desastres ecológicos causados por la industria pesada soviética, el gran salto de Mao y demases le van perfectamente en zaga a las calamidades provocadas en nombre del vil metal. Poniéndome un poco ácido, creo que solo los muchachos del Khmer Rouge, con su arcaica utopía campesina anti-industrial, están exentos de culpa y cargo (claro que tienen a sus espaldas un genocidio a gran escala, pero, ¿no estábamos hablando de neumáticos?).


Luego de un inquietante paseo por Shangai y una introducción de sus planes a futuro, somos despedidos con un poderoso cierre (abierto, reflexivo y aterrador) de esta obra sublime. Promediando la película, Burtynsky se cuestiona: "¿Hasta qué punto estoy yo involucrado en esto? ¿No llené acaso el tanque de mi auto para llegar hasta acá con el mismo petróleo en el que se revuelca ese chico de cinco años que desarma depósitos de combustible? ¿De qué está hecho mi material de trabajo?" . Obviamente, son preguntas retóricas. Solamente podían completarse con su último enunciado, tan perplejo como cruel : "Al exponer estas fotos, no quise deliberadamente darles un tono político o moral, en el sentido de marcar lo bueno y lo malo en cada una. No es ésta una cuestión de valoración. Estamos atados cotidianamente a poseer ciertas cosas que no queremos perder, y la cuestión aquí es cuánto vamos a poner en juego por mantenerlas, qué tipo de nuevas conductas y diferentes formar de ver el mundo son necesarias si no queremos que lo que se ve suceda". Mensaje lleno de incertidumbre, la misma que me invade al ver cómo las imágenes de repetición seriada de camiones en un playón, hollín en la ladera de una montaña, u horquillas de teléfono apiladas de a millones pueden transfigurar de lo horroroso a lo abstracto al escalar al cuasi infinito, redimiéndose en una sobrecogedora y extraña belleza.

Puede verse la galería de imágenes de Edward Burtynsky aquí.