"Manufactured Landscapes"(Jennifer Baichwal, 2006)
Llego a casa muy emocionado luego de ver, en el marco del festival Human Rights Watch en la Lugones, una deslumbrante película, que probablemente se convierta en mi preferida del año y seguramente lo está entre las mejores del lustro.
Este documental canadiense sigue los pasos de
Edward Burtynsky, un fotógrafo que recorre el mundo capturando, en forma de paisajes, la impiadosa transformación ambiental generada por diferentes fábricas y construcicones de gran escala, focalizándose en China (la actual y futura superpotencia industrializada) y Bangladesh.
Un magistral travelling lateral abre el film: con paso sereno y constante nuestros ojos son invitados a recorrer una gigantesca fábrica de juguetes. Baichwal deja a nuestro cargo la intuición respecto a la extensión del monstruoso complejo, mediante la aritmética espacio-temporal. ¿Cuánto puede medir un galpón, cuanta gente trabajando es fotografiada por la cámara, si la toma dura unos cinco minutos?
Algunos sociólogos acomodados hablan de sociedad post-industrial, otros de futuros distópicos similares a Blade Runner... "Manufactured Landscapes" se inscribe en el ahora para delinear el mañana. Una urgencia que no se expresa en consignas incendiarias, sino en una realizadora que, al igual que el fotógrafo a quien acompaña, confía plenamente en el inmenso poder de las imágenes. Los mil y un apocalipsis: en minas de cobre de Estados Unidos, en localidades chinas devastadas por la contaminación debido al reciclaje de obsoletos circuitos integrados ("e-waste"), en desarmaderos de barcos con fuerza laboral infantil en las costas de Bangladesh, en campesinos a los que se les paga por derrumbar su propia aldea. Infiernos visuales en movimiento que confluyen en una única imagen fija, aquella que Burtynsky capturará para exponer, sintetizar e inmortalizar.
Si bien la relación entre la destrucción desaforada de los recursos naturales y el avance del desarrollo capitalista es a esta altura indiscutible, la película elude el planteo obvio y en dos entrevistas magistrales se abstrae de la crítica a cualquier sistema socio-económico para avanzar sobre los cuestionamientos a la idea central de
progreso. Una de las numerosas locaciones visitadas es la famosa represa china de
Tres Gargantas, la mayor obra de este tipo en la historia (forma una laguna artificial de.. ¡600 km!) próxima a entrar en funcionamiento. Se le pregunta a los trabajadores si se sienten orgullosos de pertenecer a un proyecto de tan colosal envergadura. La respuesta de uno de ellos es
"mire, yo soy un simple obrero, trabajo por unos pocos yuanes para mis jefes y eso es todo". La respuesta de otro es
"es muy duro estar aquí, pero todo sea por la Patria". Estos dos puntos de vista (el del sojuzgado con conciencia de clase en una sociedad capitalista y el del alienado y adoctrinado obrero comunista) sintetizan, a grandes rasgos, no sólo el devenir amorfo del desarrollo chino, sino la persistencia de nuestra capacidad destructiva más allá de la morfología de la burocracia dirigente. Los desastres ecológicos causados por la industria pesada soviética, el gran salto de Mao y demases le van perfectamente en zaga a las calamidades provocadas en nombre del vil metal. Poniéndome un poco ácido, creo que solo los muchachos del Khmer Rouge, con su arcaica utopía campesina anti-industrial, están exentos de culpa y cargo (claro que tienen a sus espaldas un genocidio a gran escala, pero, ¿no estábamos hablando de neumáticos?).
Luego de un inquietante paseo por Shangai y una introducción de sus planes a futuro, somos despedidos con un poderoso cierre (abierto, reflexivo y aterrador) de esta obra sublime. Promediando la película, Burtynsky se cuestiona:
"¿Hasta qué punto estoy yo involucrado en esto? ¿No llené acaso el tanque de mi auto para llegar hasta acá con el mismo petróleo en el que se revuelca ese chico de cinco años que desarma depósitos de combustible? ¿De qué está hecho mi material de trabajo?" . Obviamente, son preguntas retóricas. Solamente podían completarse con su último enunciado, tan perplejo como cruel :
"Al exponer estas fotos, no quise deliberadamente darles un tono político o moral, en el sentido de marcar lo bueno y lo malo en cada una. No es ésta una cuestión de valoración. Estamos atados cotidianamente a poseer ciertas cosas que no queremos perder, y la cuestión aquí es cuánto vamos a poner en juego por mantenerlas, qué tipo de nuevas conductas y diferentes formar de ver el mundo son necesarias si no queremos que lo que se ve suceda". Mensaje lleno de incertidumbre, la misma que me invade al ver cómo las imágenes de repetición seriada de camiones en un playón, hollín en la ladera de una montaña, u horquillas de teléfono apiladas de a millones pueden transfigurar de lo horroroso a lo abstracto al escalar al cuasi infinito, redimiéndose en una sobrecogedora y extraña belleza.
Puede verse la galería de imágenes de Edward Burtynsky aquí.